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El MP3 ¡ha muerto!


A fines del mes pasado, el Fraunhofer Institute for Integrated Circuits IIS, organización alemana especializada en el desarrollo de aplicaciones y tecnologías, anunció que el programa de licencias de mp3 de Technicolor “para ciertas patentes relacionadas mp3 y software de Technicolor y Fraunhofer IIS ha sido terminado”. En otras palabras: el creador del formato de audio que gobernó el mundo a fines de los noventa y comienzos del nuevo siglo le ponía así, con estas palabras, el último clavo al ataúd del mp3.

“Damos las gracias a todos nuestros licenciatarios por su gran apoyo en convertir al mp3 en el formato de audio defacto en el mundo, durante las últimas dos décadas”.

El IIS reconoce que aunque en la actualidad hay códecs de audio más eficientes con funciones avanzadas, el mp3 sigue siendo muy popular. No obstante, la mayoría de servicios de streaming de video y audio emplean “modernos codecs ISO-MPEG como la familia AAC o en el futuro MPEG-H. Ésos pueden entregar más características y una calidad audio más alta en los bitrates mucho más bajos comparados al mp3”.


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El formato fue el protagonista del cambio del modelo de negocio de la industria musical, cuando las tecnologías digitales y el Internet comenzaban a facilitar el compartir la música. Comprar un CD y comprimirlo en formato mp3 para almacenar la música en otros soportes (CD grabables, básicamente) y así iniciar un proceso de transmisión de mano en mano de álbumes y discografías se volvió pan de cada día (el acceso a banda ancha y las capacidades de los correos electrónicos a fines del siglo pasado complicaban realizar esta difusión a través de medios virtuales).

El AAC o Advanced Audio Coding es el formato empleado en aplicaciones y servicios como Apple Music y es capaz de brindar alta calidad de audio sin requerir grandes cantidades de información para ello. Este algoritmo explota para ello dos estrategias: descarta del audio lo que no es perceptible al oído humano y elimina las señales redundantes en la codificación (recordemos que este, al igual que el mp3 y otros formatos de streaming es un método de compresión de música, por lo que constituye una interpretación de un audio originalmente editado en formatos como el FLAC o Free Lossless Audio Codec, otro formato digital de compresión que, a diferencia de sus demás pares, no registra pérdida alguna en la calidad del audio comprimido).


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No obstante, Spotify, el servicio de streaming pagado que reina en el mundo con 100 millones de suscriptores (aunque Soundcloud tenga en total 175 millones de usuarios), emplea otro formato, el Ogg Vorbis (OGG), que en calidad Premium otorga audios a 320 kbps (en la versión de escritorio de la aplicación, pues en su versión móvil solo llegan a la mitad de calidad).

Deezer, competencia de Spotify, por otro lado, ofrece un servicio Elite, con streaming de audios en formato FLAC (16-bit, a 1.411 kbps) al doble de la suscripción Premium de su rival.



Como es de imaginar, a mejor calidad, archivos más grandes, consumo masivo de memoria y almacenamiento. Acaso no fue esta la fortaleza del mp3: ofrecer un formato de audio decente, dependiendo del códec y el reproductor, sin requerir el uso de demasiada información (aunque lo plano de su compresión y la metalización de los sonidos orgánicos que suponía la conversión a mp3 no tenía nada de encantador). Como sea, hoy es oficial: el rey ha muerto, larga vida al rey.

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