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El acoso en Hollywood a las actrices... Desde siempre


El Hollywood clásico esconde algunos pasajes oscuros que bien podrían estar sacados de los guiones dramáticos más crudos. Lamentablemente, esos comportamientos tan habituales en la época dorada del cine poco tienen que ver con la ficción, y entre ellos el más sonado es el acoso al que famosísimas actrices fueron sometidas por parte de los productores de sus películas.

Ni siquiera en el país de Oz era todo luz y bondad. Nada más lejos de la realidad, ya que hubo mucho comportamiento incorrecto en el rodaje de la famosa película. La peor parte se la llevó su protagonista, Judy Garland, que según afirmó, fue víctima del acoso sexual al que le sometieron los enanos que aparecen en la cinta.

La mayor parte de ellos tuvo una conducta ejemplar, pero hacían falta tantos que acabaron contratando a todos los que encontraron, incluyendo a prostitutas y proxenetas con todo tipo de antecedentes penales. Pronto se hicieron notar apareciendo borrachos en el plató o montando orgías en el hotel en el que se alojaban. Los más conflictivos acosaban a la joven Garland metiéndose bajo su falda, a pesar de que la chica tenía sólo 17 años. Sin embargo, los que peor se portaron con la actriz no fueron los enanos, sino los productores de la película.

La adolescente Garland dio el estirón en pleno rodaje, y para disimular su cambio físico, los productores le obligaron a llevar unas dolorosas fajas reductoras para que siguiera pareciendo una niña. Se las apretaron tanto que casi le provocan una lesión de columna, y en su empeño por seguir explotándola como estrella infantil, también le obligaron a abortar un par de años después.

Para entonces ya estaba casada con su primer marido, el músico David Rose, pero el tirón de la actriz en taquilla seguía dependiendo de su imagen de "niña buena". Por eso, al quedarse embarazada, recibió presiones para abortar por parte de los productores de sus películas, de su propia madre e incluso de su marido, ya que todos ellos vivían del dinero que ganaba la actriz. Al final, Garland interrumpió su embarazo contra su voluntad.

La estrella de El mago de Oz no fue la única que lo hizo. Hubo una época en la que los productores de Hollywood tenían un control casi feudal sobre las vidas de sus actrices, incluso sobre Joan Crawford, que fue la estrella más taquillera de su tiempo.

Justo cuando estaba en la cúspide de su fama, Joan Crawford anunció su embarazo, y a las pocas semanas, se dijo que había perdido al bebé al darse un golpe en el vientre por un "resbalón en un barco". Sin embargo, lo que de verdad ocurrió es que los directivos de Hollywood pensaron que al ser madre, Crawford se alejaría de los platós dejando de rodar durante un tiempo esas películas con las que ellos ganaban tanto dinero, así que le presionaron para que abortase, con el único fin de que siguiera generando beneficios.

A Clark Gable, sin embargo, sí que le afectaba, ya que el bebé que esperaba la actriz era de él. A pesar de que Crawford estaba casada en ese momento con Douglas Fairbanks Jr. De ese modo, evitar un posible escándalo que afectara a su carrera también fue otra de las razones por las que le obligaron a abortar.

Al igual que controlaban los embarazos, los productores también controlaban los matrimonios. El maduro William Powell tuvo un tórrido romance con la sex symbol Jean Harlow y estaban a punto de contraer matrimonio cuando la actriz descubrió que había una cláusula en su contrato por la que no podía casarse sin el permiso de sus productores. Ellos no se lo dieron, pensando que la chica perdería tirón como icono erótico si pasaba por la vicaría.

Todavía mayor fue el control que ejerció Alfred Hitchcock sobre Tippi Hedren. La protagonista de Los pájaros ha confesado en varias ocasiones, que fue acosada por Hitchcock durante el rodaje de esta película. El director inglés intentó besarla cuando estaban en un taxi, pero ella le rechazó y desde ese instante le hizo la vida imposible. En el plató nadie podía hablar con la actriz, y finalmente, acabó prohibiendo cualquier tipo de contacto físico con Hedren, de modo que se quedó totalmente aislada.

Sin embargo, Hitchcock fue mucho más lejos al rodar una mítica escena de la película. Supuestamente iban a filmarla con pájaros de atrezzo y efectos especiales, pero al final utilizó pájaros de verdad sin avisar a Tippi Hedren. Lanzaron cientos de aves contra la actriz durante una semana, que fue lo que tardaron en rodar la escena. Hedren acabó con un ataque de nervios, además de incontables heridas y magulladuras. Fue el precio que Alfred Hitchcock le hizo pagar por rechazar su beso.

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